Resistiéndome inútilmente

Inconscientemente he ido posponiendo esta entrada creyendo que así -¡ilusa de mí!- podría detener algo más el tiempo, encerrando mis recuerdos en la mente.

Lo normal en mí sería hacer un balance de lo que he vivido esta pasada semana, relatar una especie de crónica personal ordenada con las cosas que me han marcado desde el pasado Domingo de Ramos, pero el cuerpo me pide empezar por el final y quizás, mis impulsos lo dirán, poco a poco ir avanzando en sentido inverso hasta llegar al principio de todo. Comenzar por el final sería más propio de alguien amante del caos, pero así lo haré, sin que sirva de precedente.

No cerré la Semana Santa como pensé que lo haría en un principio pero el final me llegó con la mejor de las Angustias como colofón a unos días que ya son vivencias personales imborrables que guardaré en la mente y en el corazón siempre.


Mi momento más esperado de la Semana Santa llegó al alba de la noche más larga- como le gusta denominarla al mejor aguaó de Sevilla-, cuando más arrecia el frío. El cortejo de mi hermandad de Los Gitanos acusaba las bajas que siempre se producen a esas horas y alturas del recorrido, tras dejar la Catedral. El público no era tan numeroso como otros años y yo lo agradecía enormemente. Estaba sóla y me entretenía viendo y analizando a cada nazareno que pasaba a mi lado. Fui deshojando tramos, cual flor, a medida que mis huesos calados y mi nerviosismo aumentaban mi impaciencia por ver al Señor de la Salud, al que tantas cosas tenía que decirle precisamente esta primavera.

Un año más mis ojos comenzaron a derramar lágrimas, irremediablemente, cuando pude fijarlos en la cara del mejor de los nacíos. Toda la gente que quiero estuvo en mis pensamientos. Mis palabras no fueron de súplicas, sino de agradecimiento porque otro año podía tenerlo delante mía y no me faltaba nadie en el recuerdo, al revés, nuevos amigos entraban de forma espontánea en mis rezos. Se volvió a detener el tiempo a mi alrededor. Sólo estábamos Él y yo, con un pañuelo de por medio.  No hay un momento más grande en el año que ese para una servidora. No traten de comprenderlo aquéllos que no han sentido nunca algo parecido con alguna imagen de su devoción. Yo hace tiempo que desistí de intentar explicar lo que siento.

Me resistía a dejarlo marchar. Decidí no esperar a la Virgen y me apresuré para coger un buen sitio en la Cuesta del Rosario. Busqué caras familiares que repiten el rito año tras año pero me quedé, nuevamente, sóla. La primera fila me permitió no perder detalle de cuanto acontecía durante la espera.  Ya con el sol comenzando a entrar por la Costanilla me fui relajando y me dispuse a disfrutar con todos los sentidos de la maravilla que contemplarían mis ojos.

Larga chicotá valiente un año más y nuevas emociones desbordadas. Mis ojos siguieron la silueta del Nazareno y Gitano hasta que se perdió por la calle Boteros y entonces comenzaron una búsqueda diferente pero ilusionante igualmente. Un querido General me había dado cuenta de su ubicación y mis ojos comenzaron a buscar los suyos. Volví a ser una niña. Cuando creía que mi búsqueda volvería a ser fallida como el año anterior una mano alzada a la altura de su antifaz me facilitó la tarea. No quería ni podía quedarme en un saludo y me eché a andar unos metros hasta llegar a la desembocadura de Boteros con Sales y Ferré. Me gustó hablar contigo esa mañana, Sergio, y me encantó que me regalaras esas preciosas estampitas que ya son parte de esa colección que guardo como oro en paño y que miro y miro tantas veces a lo largo del año.

Pero me faltaba algo importante. En esas horas no había visto aún a la bellísima Virgen de Los Gitanos y el emplazamiento era perfecto, así que me despedí de mi buen amigo y aguardé brevemente a los ciriales que preceden su paso.


Nuevamente tomé posición en primera fila y una explosión de luz, olor y belleza irrumpió en mi mañana. Sin pensármelo dos veces me coloqué en la trasera del palio y seguí sus pasos por la estrechez de Sales y Ferré. Disfruté como nunca antes lo había hecho con mi Virgen.  La plaza de San Pedro era un hervidero de gente y a la altura de la Iglesia decidí salirme. Pero antes de que eso sucediera pude contemplar la mejor metáfora que definiría lo que me ocurriría momentos después, al dar por concluída mi Semana Santa. No os la describiré, mejor os dejo la foto que tuve que hacer para capturarla.



Dudé un instante si dirigir mis pasos hacia otro lugar pero casi por inercia acabé atravesando Doña María Coronel. No podía decirle adiós a la Virgen sin mirarla una vez más a la cara. Mi alegría fue  doble al llegar a la esquina de Sor Ángela (lo de Santa Ángela creo que no lo diré nunca) con Dueñas porque pude disfrutar una vez más del paso personalísimo del Señor y deleitarme con la última chicotá que le vería hasta el año que viene, si Él así lo quiere.

Con un sol de justicia que se colaba por todos los rincones de la ciudad puse mi broche de oro a una Semana Santa diferente, llena de encanto y de cosas nuevas que se quedarán ya conmigo en el recuerdo. Mi querida  Angustias quiso decirme adiós con una sonrisa que no podré olvidar. Gracias por dejarme esa dulce imagen grabada en las retinas del alma. Recordarte durante el año me endulzará la nueva espera.


P.D: esta entrada quiero dedicársela a esos 4+1 que un buen día se cruzaron en mi camino y que me han hecho vivir una Cuaresma y una Semana Santa diferente llena de cosas bellas. Y a Ana por tener tanta paciencia con una servidora y aguantar, otro año más, mi frikismo. Se os quiere con el corazón en la mano.


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Acerca de rocioromerope

Abogada de profesión, polemista por vocación y bética de corazón. Aúno y desmiento tópicos sevillanos.
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13 respuestas a Resistiéndome inútilmente

  1. Antonio dijo:

    La frase “fui deshojando tramos” me parece que contiene todo. Es poesía y es lucha desgarrada. Es la espera y es la ciencia. Es Semana Santa y es vida.

    Y no se lo que será diría -si lo que se, y los tengo aquí al lado- que ahora tras la última foto sólo pueda tragar saliva con fuerza.

    Cuídate. Nos leemos.

    Besos del ‘cinqui’. Y gracias.

    Antonio

  2. Me has dejao los vellos como puntillas del 12 miarma, escalofriante e intenso texto de principio a fín, indicativo de la ilusión y las ganas que tenias de vivir esa mañana de Viernes Santo.

    Se que aún queda mucho, pero desde ya te deseo lo mejor para la próxima Semana Santa, esperando que la disfrutes como nunca de principio a fín.

    Un saludaso.

  3. La gata Roma dijo:

    Aaains, empecé casi llorando pero llegando a la mítica calle de la tuba… me he reido tanto..
    Ha sido genial encontraros en este mundo cibernético, en esta bendita ciudad, en esta vida…

    Y este año fue así, el que viene… quien sabe..

    Kisses a puñaos

  4. Du Guesclin dijo:

    Fue un verdadero placer compartir esos minutos, ese paseo, esa conversación. Y de verdad no sabes cuanto te lo agradezco, después de tantas horas una mirada amiga es un bálsamo ompagable.

    A todo ésto, hablando de bálsamos, el cafelito cayó en Sor Ángela a la 1 de la tarde. Las cosas de mi madre….

    Un beso muy fuerte.

  5. Híspalis dijo:

    A ver, por dónde empiezo… no te lo vas a creer pero estaba esperando esta entrada como el año anterior. Desde que he leído el titula sabía de qué se trataba… no me ha defraudado en absoluto, todo lo contrario… me ha cautivado de principio a fin, emocionado, y sobre todo he creído haber vivido contigo todo lo que relatas. Cuando las cosas se escriben desde el corazón llegan más fácilmente. Gracias de corazón por haber conseguido emocionarme aunque sea desde el propio trabajo. Y gracias por compartir tus íntimos sentimientos con todos nosotros.

    Al igual que tú, tengo una entrada pendiente sobre lo que viví en madrugá que espero poder publicar cuando saque tiempo, siempre el tiempo.

    Sólo te digo que finalicé la madrugá perfumado de canela y clavo, en brazos de mi hija de dos años vestida de monaguilla de Los Gitanos y llorando como nunca en el interior del Templo del Valle. Y por cierto, abrazando también a Sergio que como todos los años se está convirtiendo en un clásico verlo vestido con su túnica morada.

    Gracias por esta entrada. Por último, comparto contigo que el mi mejor momento del año es cuando me planto delante del Señor de la Salud, se me corta el cuerpo, y el alma…

    Un beso.

  6. Humilladero dijo:

    No se detiene el tiempo en la memoria, sólo se acompasa…

  7. dama dijo:

    Muy bonito, el eje que has construido con la Virgen de las Angustias y los cuatro + 1 me parece una manera muy bonita de narrar las vivencias cofrades.
    Muy bonito, de verdad, muy “zapateiro”.

  8. el aguaó dijo:

    Ha sido una Cuaresma diferente. La lluvia condensó y comprimió más, si cabe, la ansiedad de una ciudad que espera los nazarenos de la misma forma que el naranjo espera el perfume del azahar. Ha sido una Cuaresma diferente pero, ¿acaso no es diferente todos los años? Siempre se repite, pero de forma distinta. No somos los mismos cada año, y no vivimos las mismas experiencias, pero sí pueden enriquecerse o empobrecerse con el paso del tiempo.

    Un año más, una vez más, he vuelto a leer tu entrada sobre la Semana Santa, y mientras me dejaba llevar entre tus líneas, me he convertido en espectador del Señor de la Salud y Su Bendita Madre. Gracias a tus palabras he sentido la bulla tras el palio de Las Angustias. Gracias a tu texto, me he emocionado y he sentido muy de cerca la visión que nos expones. Un año más, una vez más. Y es curioso, porque además he podido disfrutar de tu compañía este año, y si poder disfrutar de tu escrito es una gozada, disfrutar de ti es todo un regalo.

    Ha sido una Cuaresma diferente, comprimida, pero rica en experiencias y, por supuesto, en compañía, pero mucha culpa de eso lo has tenido tú, y los otros cirios que alumbran la candelería de nuestro palio personal. Ya sabes quienes son. Gracias por tus sensaciones, gracias por tu noche de Domingo de Ramos.

    Ahora nos queda esperar… como bien has dicho, “hasta el año que viene, si Él así lo quiere”.

    Te quiere tu amigo Ram.

  9. Excelente texto, amiga.

    No sabes lo que me ha alegrado ver esa imagen que te emocionó. Ese maniguetero de la Virgen de las Angustias es buen amigo mío, un enamorado de su dolorosa y un excelente cofrade. Voy a enviarle el enlace.

    Y hablando de enlaces, enlazo tu blog, que creo que no lo tengo entre los míos.

  10. manigitana dijo:

    Estimada amiga.

    Benditos sean los sueños de los que sienten la “coló morena”. Me has emocionado con tu relato hasta tal punto que me cuesta trabajo engarzar las emociones con las palabras. Sólo quiero decirte que espero que el Señor te dé Salud por muchos años para poder acercarte a verlo cada madrugada de Viernes Santo a revivir el tiempo soñado. El año que viene, cuando lo veas, acuérdate de ir a ver a su Bendita Madre, la que perfuma de canela y clavo las calles de Sevilla y la que hace, con el Arrorró de los sones que la acompañan, soñar a los niños con una eterna madrugada. Allí te estará esperando una “estampita” para esa colección tuya. Hoy le has regalado a su padre la más hermosa estampa que puedan ver sus ojos.

    Un beso

  11. Zapat dijo:

    Antonio muchas gracias por tus palabras, siempre. La verdad es que los niños nos despiertan sentimientos que de otra forma sería imposible. Intentar enseñarles amor y respeto por las cosas que uno mismo ama y respeta es increíble.

    Álvaro precisamente este año viví esa mañana con más intensidad que ningún otro año y la soledad me ayudó a exprimir los minutos al máximo.

    Sabes, Mercedes, que soy sincera cuando os digo que os quiero y no es por casualidad, os merecéis que os lo diga. Sales y Ferré ha sido la calle que ha marcado este año mi Semana Santa, sin duda.

    Sergio debería no haberte echado cuenta y haberme acercado a por un café…, si lo llego a saber… Ya te lo he dicho, pero lo repito, me encantó hablar contigo y acompañarte un rato.

    Pepe muchas gracias por tus palabras. La verdad es que con estas entradas me desnudo más que con cualquier otra porque se le abre a uno el corazón sin pretenderlo, a pesar de que muchos lean estas entradas con cara rara. Imagino que desde que tienes a Laura contigo las madrugás son más especiales que nunca.

    Manolo así es, pero una lo intenta sin resultados 😉

    Gracias Reyes. Tengo pendiente escribir en alguna parte el flechazo que sentí el Jueves Santo contemplando tu querida hermandad.

    Ramsés cada vez escribes mejor y cada vez me calan más tus palabras. Gracias a ti por todo, que es mucho.

    Enrique me alegra verte por aquí. Me has dado una gran alegría con lo de tu amigo. Por cierto, ahora miro lo del enlance, que no tengo yo claro si te tengo.

    Manigitana ¡qué te voy a decir! me ha emocionado, no sabes de qué forma, que hayas llegado a leer esta entrada y que gracias a nuestra Virgen -estoy convencida de ello- esa espontánea foto que tuve que hacer (de ahí la poca calidad de la misma, fue algo inesperado y lo único que me acompañaba era mi móvil) se haya convertido en un regalo para ti. Gracias de corazón por emocionarme tanto esa mañana, aunque no fueras consciente de ello.

  12. Horiana dijo:

    Ele las fotos bonitas. Todavía siento en el alma haberme perdido el viernes santo. Nos debemos un abrazo y lo sabes.

  13. S. dijo:

    siempre encuentro en la mirada de la virgen de los gitanos, dolorosa sevillana que nació en san román, una vida que abandoné y que ahora recupero en parte gracias a la fuerza que la señora me da cada viernes santo. los que le rodean no me quieren por mi tendencias pero ella me comprende y empuja con valor y garra desigual. me da tanta fuerza que cuando pasa la virgen nos apretamos mucho y acabamos sintiendo algo mas que un sentimiento y es lo mejor del año en su apartamento de calle sol

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